Una semana de inicios, de eventos especiales y de primeras ediciones: hoy nos reúnen dos de ellas. La primera es este texto que leen desde Arata (o Substack) y que se convierte en una primera colaboración. Y segundo, el estreno de “Adolescencia, Sexo y Muerte en Campamento Miasma”, que, si bien tuvo su gran estreno en la edición de este año del Festival de Cannes (en donde también se llevó la Queer Palm), llegará a MUBI este 13 de agosto.
Y vaya que hay mucho por comentar sobre esta película. Es, sin duda, una de esas obras que no te dejarán al margen de la conversación, y aquí hay de dos: o la amas o la odias. Si eres un fan del terror empedernido, seguramente te sentirás atraído por la premisa, que resulta fresca ante las propuestas de slasher que nos regalaron en años anteriores: una joven promesa es contratada para rescatar una franquicia clásica del slasher y, como primera decisión creativa, opta por traer de vuelta a la protagonista de la película original.
Y antes de adentrarnos más en el análisis de la película, es importante recordar a los participantes. La guionista y directora Jane Schoenbrun (I Saw the TV Glow) trae a la pantalla grande a las actrices Hannah Einbinder (Hacks) y Gillian Anderson (The X Files y Sex Education). Llevando a la ficción lo que la realidad insinúa: una nueva promesa siendo guiada por una veterana de la industria a través de un viaje de autodescubrimiento. Este es el corazón sobre el que se cimenta Campamento Miasma.
Muy buena forma
El terror reviste a la cinta explotando al máximo la sátira, los clichés y los cánones propios del género. Esto último es tanto su gran acierto como un distractor para aquellos que buscan la familiaridad de una buena masacre. Aunque si somos justos, si lo que estás buscando es un slasher con todos los tonos de clásicos, no recurras a la filmografía de Schoenbrun. Estas son obras y espacios construidos a partir de la búsqueda de algo atípico, de la agenda hollywoodense o, para fines, hegemónica.
Campamento Miasma busca profundizar en los límites del género, al tiempo que ofrece una reflexión sobre la industria, la comercialización del arte y las copias sin esencia de las franquicias clásicas.
La fotografía, el diseño de producción y de vestuario son impecables, ya que no solo permiten comunicar el mundo y la realidad en la que se desenvuelven los personajes, sino que construyen un puente entre la pantalla y la imaginación del espectador, todo esto sin caer en la pulcritud exagerada que el efecto Netflix ha provocado. Los espacios y objetos están verdaderamente habitados.
La actuación
De la misma forma, las actuaciones son del tallaje requerido por el guion, pues pese a jugar con la meta narrativa. No se rompe la atmósfera que la ficción construye y si consideramos el peso que una carrera consolidada como la de Gillian Anderson. Conseguir que el espectador se olvide por un momento del símbolo y observe al personaje es un efecto difícil de conseguir. Por lo que, a gusto personal, suma puntos. La banda sonora no llega a ser protagonista, pero sí un buen acompañante que permite la construcción completa de un mundo en el que participamos momentáneamente. La película es impecable técnicamente y merece, en todas sus letras, una sala de cine o al menos que la mires sin revisar el celular.
Si eres fan del slasher, de las historias raras y/o de Gillian Anderson, esta sin duda es una película que tienes que ver. Encontrarás algo fuera de lo común y puede que hasta una fantasía cumplida (queer o no) de cualquier fan promedio de los x-files.
Si no te gustan los spoilers, este es el punto en que te sugiero detenerte. Podrás regresar cuando hayas visto la película, pues me explayaré con mis propios comentarios sobre la película sin filtro alguno.
De la envidia nace la crítica
Ahora bien, hay muchísimos detalles que comentar, pues la película está lejos de ser perfecta cuando separamos el fondo de la forma. En primer lugar, la película forma una alegoría llevada al extremo sobre cómo la industria sobreexplota a las franquicias hasta convertirlas en copias cada vez más deterioradas de la original. Con escenas básicas de una típica película del género, que, en su sátira, son una referencia múltiple ya que aplica a casi todas las escenas clave del género. En este sentido, nos presentan el papel del director/escritor, que se presenta como esperanza y que, pese a ser el elegido. Decide deliberadamente proyectar sus propios deseos en la cinta.
De esta forma, nuestra protagonista, Kris, decide viajar en búsqueda de Billy, la protagonista original de la saga. Solo para encontrarse con una mujer ermitaña, atrapada en la fantasía (o no) del horror de la primera película. A quien decide confesar sus frustraciones y anhelos con tal de traer de vuelta a Billy.
Y hasta aquí todo bien, la película sirve lo que prometió, pero en cuanto vemos a Kris enfrentar a los productores con la trama de la película, todo se viene abajo. Kris ha vendido algo que ni ella misma posee: el acceso y entendimiento del origen del horror. En opinión propia, esto no es un error. Es el deseo de la propia Kris de pertenecer a un mundo que la ha maravillado pero que ni ella misma entiende en su totalidad. Billy observa su debilidad e inexperiencia y la guía a través de la fantasía del campamento. Permitiéndole vivir junto a ella el deseo de ser cazada por Little Death.
¿Adolescencia, Sexo y Muerte en Campamento Miasma?
En algún punto, la película parece perder el rumbo del horror. Utiliza el género y lo queer para narrar algo que, de no salir de los estándares típicos, nos sería invisible. El cine es y será lo que quien está detrás de la cámara quiere que sea. Kris, transforma los elementos del Campamento Miasma para experimentar su propio deseo sexual, como quien se toma el tiempo de planear una gran cita esperando solo llegar a casa (sí, mi comentario sí viene de la envidia, porque me encantan los x-files).
Little Plain
Tampoco es casualidad que no sepamos nada de Little Death hasta bien entrados en la película. Kris critica su origen y no lo compra por completo, pese a los intentos (no tan arduos) por acercarse al origen del enemigo principal. Lo más cercano que podremos tener es el juego de un ser aburrido (nada muy diferente de lo que te diría un cristiano cuando cuestionas algún detalle bíblico). Incluso en el diseño de personaje, Little Death no encaja con nada de lo que hemos visto del mundo que nos presentan. Su desnudez semioculta es la representación de su fin en pantalla: el pretexto para el deseo de Kris, de Billy o del espectador mismo.
Campamento Miasma es, en conclusión, una buena idea, no tan buena ejecución. Es rescatable más por el aspecto técnico (la forma) que por el fondo, que me parece apresurado y construido torpemente. Cada uno será el juez final del gusto y tendrá la última opinión sobre si vale o no el boleto en una sala de cine o la suscripción a MUBI.




















