El 2025 se perfila como el año de la música japonesa en México. Con una agenda repleta de conciertos de bandas y solistas del país del sol naciente, los fans mexicanos no han tenido respiro. Pero entre tantos nombres, uno resonó con fuerza este 5 de abri de 2025: ONE OK ROCK, que regresó al país después de seis largos años para presentar su gira «DETOX Latin American Tour» en el Pepsi Center WTC. Y, créanme, la espera valió cada segundo.
La espera de seis años, el fervor de un día
Desde primeras horas de la mañana, los OORers —como se hacen llamar los seguidores de la banda— comenzaron a congregarse frente al recinto. Aunque el show estaba programado para las 8:00 p.m., para el mediodía la fila ya serpenteaba por Avenida de los Insurgentes, un espectáculo inusual incluso para una banda con tanto arraigo en México. El último concierto de ONE OK ROCK en la CDMX, en 2019, no había tenido una recepción tan masiva. Esta vez, el sold out era innegable: México estaba listo para recibirlos.
Energía pura y nostalgia
Tras un ingreso escalonado —y con el recinto ya repleto—, las luces se apagaron cerca de las 8:15 p.m. Un rugido colectivo inundó el aire cuando Taka, Toru, Ryota y Tomoya aparecieron en el escenario, arrancando con «Puppets Can’t Control You«, un tema de su más reciente álbum, DETOX. La energía fue instantánea: luces estroboscópicas, una pantalla gigante con visuales hipnóticos y letras proyectadas para que nadie se quedará fuera del ritual.

Pero si el inicio fue electrizante, lo que siguió fue un viaje en el tiempo. «The Beginning«, ese himno que marcó a toda una generación, resonó como un eco de resistencia. Los gritos se multiplicaron cuando cientos de voces corearon al unísono: Just tell me why baby ,They might call me crazy, For saying I’ll fight until there is no more. No había un solo espectador inmóvil.
Un setlist que tocó el alma
El concierto fluyó entre lo nuevo y lo clásico. «Save Yourself«, con su mensaje de autocuidado, y «Let Me Let You Go«, una balada poderosa de Luxury Disease (2022), encendieron emociones encontradas. Luego llegó «Nasty», estrenada en vivo por primera vez en suelo azteca, demostrando que incluso lo nuevo puede sentirse como un clásico instantáneo en manos de ONE OK ROCK.
Uno de los momentos más intensos fue «Renegades», acompañada de un juego de luces rojas que sumergió al público en una atmósfera cinematográfica. Pero la sorpresa llegó con «Tropical Therapy» y «Tiny Pieces«, canciones del nuevo disco que, pese a su juventud, ya habían calado hondo en el corazón de los fans.

Tomoya, los tacos y un tatuaje que lo dice todo
En un respiro entre canción y canción, los integrantes dirigieron palabras al público. Tomoya, el baterista, robó la atención al confesar su amor por los tacos y el tequila, pero fue su gesto lo que dejó claro el vínculo con México: levantó la manga para mostrar su tatuaje con las letras «MX», hecho en 2014 tras su primer concierto en el país. «¡Viva México, cabrones!», gritó antes de retomar la batería, desatando una ovación.
Yolanda, la fan que vivió el sueño de todos
El cierre no pudo ser más emotivo. Tras un set cargado de adrenalina con temas como «Stand Out Fit In» y «The Pilot«, la banda regresó para el encore. Taka apareció con una bandera de México, pero la sorpresa mayor fue cuando subió al escenario a Yolanda, una fan que tuvo el privilegio de cantar «Wherever You Are» junto a él. Con el vocalista susurrándole al oído y el público convertido en un coro gigante, el momento se volvió mágico. Esa noche, todos quisimos ser Yolanda.

El final: un himno para la historia
El último acto fue una explosión. «We Are«, ese tema que es casi un manifiesto de resistencia, unió todas las voces del Pepsi Center. No hubo un solo espectador que no coreara: «We are, we are, the color in the dark!». Antes de despedirse, la banda tomó su tradicional selfie grupal con el público —un gesto que ya es sello de los conciertos— y, uno a uno, los integrantes agradecieron. Tomoya lanzó baquetas a la multitud, Ryota y Toru hicieron lo propio con sus plumillas y saludaron con reverencias, y Taka, siempre carismático, prometió volver pronto.
Más que un concierto, una experiencia
ONE OK ROCK no solo conquistó el escenario; conquistó corazones. Fue una noche donde lo nuevo y lo viejo se entrelazaron, donde los fans de antaño revivieron su adolescencia y los nuevos descubrieron por qué esta banda trasciende fronteras. Con un setlist impecable, producción visual deslumbrante y momentos que quedaron grabados a fuego (como el de Yolanda), la banda dejó claro que su conexión con México es inquebrantable.
Y así, entre lágrimas, brincos y gargantas rasgadas, México volvió a rendirse a los pies del rock japonés.
¡Hasta la próxima, ONE OK ROCK!





























