El mito de Drácula ha sido contado y narrado infinidad de veces, desde versiones clásicas del cine de terror hasta las nuevas adaptaciones llenas de acción. Sin embargo, Luc Besson (Nikita, El Perfecto Asesino, El Quinto elemento, Valerian y la ciudad de los mil planetas) busca mediante su visión, devolverle al Conde su esencia romántica y melancólica, así como ver el lado humano del mismo. Tratando de alejar los clichés existentes.
En Drácula: A Love Tale, la figura inmortal de Vlad Tepes (interpretado por Caleb Landry Jones) no solo bebe sangre, sino que vive atormentado por la pérdida, y el deseo imposible de revivir un amor que trasciende los siglos. Así es, hablamos de Elisabeta (interpretada por Zoë Bleu Sidel). Si bien, esta nueva adaptación no busca sorprender con excesos visuales o violencia desmedida, nos trata de seducir a través de la estética, las emociones y la coherencia de un proyecto que respira romanticismo en cada plano.
Una reinterpretación íntima del mito vampírico
Luc Besson nos da a un hombre condenado por su propio juramento de amor, marcado por un pacto con la oscuridad tras la muerte de su amada. El director francés explora a un Drácula profundamente humano, cuya inmortalidad es más una maldición emocional que un poder y que nos lo deja ver en cada momento.
Si bien el guion plantea una crítica velada a la superficialidad de la aristocracia y al hedonismo vacío. Vlad busca reencontrarse con la reencarnación de su amor eterno, con lo que vemos al príncipe vampiro aferrarse a la idea de un amor puro, indivisible e irremplazable.
¿Este romance le quita peso a la historia?
El filme nos da algunas raíces del Romanticismo del siglo XVIII, donde el deseo se entiende como algo idealizado y no meramente físico. Luc Besson nos da una decisión creativa que rompe con las adaptaciones más violentas o explícitas, priorizando una narrativa emocional y que trata de que los espectadores sintamos un ápice de compasión por el vampiro. Por desgracia, considero que ir tan de lleno y no salirse de la trama clásica del libro, puede dejar ligeramente corta la cinta.
Los contrastes de color, la iluminación casi pictórica y la fotografía en momentos clave, dotan a la cinta de un tono casi de cuento de hadas para adultos.
Un Drácula doliente y carismático
El papel protagónico de Caleb Landry Jones, nos da una interpretación intensa, física y expresiva, transmitiendo el peso de siglos de soledad con cada gesto y mirada. Caleb encarna un vampiro que sufre en silencio, que recuerda más a un héroe trágico de la literatura clásica que a un depredador de la noche.
Zoë Bleu, como Elisabeta/Mina, aporta frescura y pureza a la historia, encarnando ese ideal de amor inalcanzable que Vlad persigue. Por su parte, Christoph Waltz como cura, que busca los males del mundo, nos ofrece una versión interesante de Van Helsing, con la ironía y el carisma que lo caracterizan, construyendo un ¿antagonista? que equilibra la fe ciega con un sutil desdén.
Jugando con el mito, respetando la esencia
A diferencia de versiones recientes de Drácula, donde el personaje se transforma en un héroe, o el gore sobresale, aquí la guerra y la violencia son vistas como los elementos que arruinaron la vida de Vlad y no se abordan excesivamente. Por desgracia, se siente una falta de algo, de una chispa que nos atraiga en más, y conociendo a Luc Besson, esperábamos un toque inquietante de crudeza.
El guion de Besson se toma libertades narrativas. La trama introduce diálogos ingeniosos, guiños a la historia europea y momentos visualmente cautivadores que le dan identidad propia a esta versión.
Otro punto que ayuda mucho a la cinta, es el soundtrack, el cual es nada más y nada menos que de Danny Elfman. Por lo que cada escena y la ambientación sonora, logran su cometido.
Conclusión
Drácula: A Love Tale no es una película para todos, pero sí para quienes aprecian el cine clásico que respira coherencia, estética y emoción. Luc Besson entrega una obra donde el mito se transforma en una oda al amor que trasciende el tiempo y la muerte. No busca asustar, sino conmover y buscar empatía hacia los involucrados. Lo que nos entrega es una propuesta visual y narrativa que sin duda, está completamente fuera de las tendencias comerciales.
Claro, sentimos que en ocasiones el ritmo pausado puede impacientar a quienes esperan acción constante. La ausencia de escenas de horror puede decepcionar a los fans del terror clásico, o los que esperan algo más gótico. Pero claro su enfoque es más específico hacia en el romanticismo, dejando poco espacio para subtramas, lo cual nos genera un poco de agridulce.






































