Si alguna vez soñaste con arcángeles con puntería de vaquero cósmico, quédate, porque Holy Shoot no perdona ni una bala. En este review del roguelite FPS de estudio Tale Era vamos a entrar al templo del caos con estilo comic y humor desbordado.
Holy Shoot
Holy Shoot emerge como la apuesta del estudio independiente Tale Era Interactive, con sede en Estambul, Turquía. Su propuesta es directa: combinar elementos religiosos con acción trepidante en formato roguelite. El resultado se asemeja a un sermón armado, cargado de ironía, balazos y humor visual intacto en cada esquina del infierno.
Historia
La trama de Holy Shoot es tan simple como efectiva: demonios roban artefactos sagrados, tú —guerrero del Sanctum— los persigues por pasillos infernales dispuestos a devolverlos por la vía rápida… a punta de plomo y sarcasmo divino. La narrativa no es épica, es funcional: es el flasher cómico que enciende el motor del desmadre. No hay un gran guion, pero sí hay disparos explosivos y carcajadas que vibran con cada bala disparada
Jugabilidad
Las arenas de Holy Shoot son laberintos compactos donde las oleadas de enemigos caricaturescos no te permiten respirar. Los proyectiles vuelan en todas direcciones, y aquí la muerte no significa “game over”, sino la promesa de volver más fuerte gracias a un sistema de progresión entre partidas.
El primer personaje accesible es Supersonic Samuel, cuya agresividad encaja a la perfección con el frenesí del juego. Tras vencer al primer jefe, desbloqueas a Toshiko Techno, con jugabilidad basada en torretas y sigilo; sin embargo, Samuel sigue siendo mi favorito por su capacidad de mantener el combate fluido y directo.
Al inicio, la progresión puede parecer lenta, especialmente con un árbol de mejoras vacío. Pero al adquirir puntos para mejorar el ataque, salud y las habilidades especiales -ataque a distancia, ralentización o pánico- la tensión se convierte en una coreografía frenética y adictiva. Además, cada nivel te permite reunir armas con distintas cadencias, potencia o rarezas, lo que enriquece la jugabilidad de cada run.
Lo notable es que, al llegar a la segunda etapa, el juego ajusta automáticamente su dificultad para que no sientas que has roto el sistema. Se necesita fallar varias veces para desbloquear nuevas mejoras, lo que fortalece ese ciclo roguelite de “una run más” que engancha.
También hay áreas a mejorar (límites del propio gameplay): enemigos que se atascan en el escenario, HUD saturado por indicadores visuales con la aparición de enemigos, traducciones incompletas en las cartas de información, la posibilidad de disparar desde la zona segura antes de que inicie el nivel, mapas poco útiles o NPCs del Sanctum poco enriquecedores.
Apartado visual
La estética de Holy Shoot es explosiva, con colores saturados y personajes exagerados sobre un fondo infernal dominado por tonos naranjas que recuerdan a otros títulos. Tras muchas partidas, esa paleta empieza a sentirse monótona, aunque solo cambia significativamente en fases avanzadas.
Hay una mezcla curiosa entre arte 2D y 3D que genera contraste, aunque a veces falta coherencia visual y autenticidad. Aun así, el estilo irreverente y surrealista, con reminiscencias a El Bosco en su presentación infernal, aporta cierto toque al juego.
Música y sonido
La banda sonora destaca por su intensidad metálera, aunque por el momento consiste en una sola pieza. Ojalá futuras actualizaciones amplíen este repertorio porque encaja perfectamente con la acción. Los efectos de sonido son exagerados, casi caricaturescos, acompañados de onomatopeyas visuales. El resultado es irresistible: incluso el audio te recuerda que estás dentro de una caricatura del Apocalipsis.
Conclusión
Holy Shoot se trata de reflejos, humor y caos ritualizado. Sobresale en su combate inmediato, el ritmo frenético y el humor irreverente que nunca se toma en serio. Si bien los escenarios pueden sentirse repetitivos y la estética sufre cierta disonancia visual, el mayor atractivo está en lo que sucede entre balazo y balazo: en invitarte a volver, sabiendo que cada derrota también es parte del show.
En un género saturado de roguelites FPS, Holy Shoot no se siente como el más pulido, pero sí como un tributo sincero. Se nota que quienes lo hicieron crecieron disparando en mundos frenéticos y aquí intentan montar todos esos elementos que marcaron sus horas de juego. La irreverencia es su bandera y allí está parte de su fuerza. Aun así, varios aspectos piden más identidad, diversión y reto consistente para que la propuesta no se quede solo en un buen gesto, sino que explote con todo su potencial.































