La marea está cambiando cuando Arami atisba la llegada de Aislinn, Dechala y Sayl a la guerra desatada en Tides of Torment.
HISTORIA DE TIDES OF TORMENT
SEGA refuerza la guerra con tres señores a sueldo listos para demostrar un nuevo poderío. Un agente marino que ataca con la fortaleza dracomarina. Una mestiza de seis brazos que esclaviza para crear ostentosos palacios de poder. Finalmente, un astuto manipulador que no duda en traicionar o usar su lealtad hacia el dios de su conveniencia.
JUGABILIDAD
Tides of Torment es un DLC cargado de mejoras al juego base, especialmente señores de la guerra con bajo rendimiento. Tiene una parte gratuita, un señor de la guerra legendario bajo el nombre de Máscara de Slaanesh. Alguien condenada a bailar para siempre una danza mortal que le permite potenciar a su facción militar. En batalla tiene una dinámica especial capaz de desbloquear su habilidad definitiva tras haber realizado tres danzas con anterioridad. Al mismo tiempo maneja una influencia a modo de cultos que pueden afectar otras ciudades para ampliar la corrupción. Esto resalta lo visto en anteriores añadidos, que cada adición tiene un estilo único de juego con un pequeño inconveniente. Ni ella, ni los otros tres que sí tienen costo cuentan con una campaña propia. A su favor, cada señor llega con nuevas unidades y criaturas que son atractivas en lo jugable y lo visual.
Seguimos con Aislinn, Señor de los Mares, quien usa las fortalezas dracomarinas para trasladarse sobre alta mar. Con ello puede conquistar diferentes bastiones que puede ofrecer a otra facción, siendo la influencia política su principal enfoque. No construye bajo la norma estándar, en su lugar expande su flota para proveerse de recursos con los bastiones regalados. No hay gobernantes interinos como sucede en el estilo tradicional de esta entrega. A cambio recibe mejoras gracias a los líderes con los que decides usar tus puntos de influencia. Entre sus unidades están seres acuáticos de alta resistencia y el carro volador con una movilidad muy ventajosa. No es el más poderoso de los tres, pero su giro es divertido, pese a durar poco las partidas.
Pasamos con Sayl, El Infiel, donde utilizas la traición y manipulación como un medio para progresar. Si bien puedes ganar batallas a punta de golpes, es mejor sacar las misiones usando esta dinámica. La razón se debe a que tiene combates muy duros de ganar al principio. Te toca reclutar troles fuera de tu región para poder invocar una poderosa horda, obtener el favor de monarcas trol y encadenar construcciones. Dicho cambio es una reimaginación del personaje, el cual tenía problemas para destacar y ahora es una facción muy destructiva. Una novedad son los Osomarios, junto al nuevo recurso para afectar a provincias que no sean Norscan o crear edificaciones con bonificaciones especiales. También recibe nuevas criaturas como las Quimera de tres cabezas capaz de volar, quemar, envenenar y arrasar usando magia.
La última adición es Dechala, La Renegada, con la particularidad de tener seis brazos para poder usar dos armas. Es la más rápida de todas por tener un área de inicio con sujetos fáciles de dominar, ergo una rápida expansión. La esclavitud es su herramienta para crear los asentamientos más poderosos gracias a los Palacios del Placer con las mejores unidades. Igualmente consigue ventajas económicas para los recursos, infantería a distancia para apoyar su potente batallón de combate directo. Todo este poder a cambio de ser un cañón de cristal en sus unidades, pero sin ser frustrante administrar dicha armada. Produce decadencia para desbloquear sus potenciadores conforme más expande sus dominios con campamentos menores antes de crear sus palacios.
Algunas observaciones serían que el concepto de las fortalezas Dracomarinas se desaprovecha un poco. Podría haberse expandido a tener un comercio y control marino con batallas navales, pero se limita a conquistar estructuras. Eso no quita que sea divertido, tiene lo suyo y lo ofrecido está bien planteado, pero da para más. Todo lo añadido hace que cada señor tenga sus propias dinámicas que son fáciles de tomar, pero dominarlas es otra historia. Cada uno de ellos tiene varias opciones por las que puedes optar, siendo muy rejugable este nuevo contenido. Mi segunda negativa, que cae más en prerrogativa, es que ojalá todo esto entrara a Reinos del Caos. Así se podría nutrir aún más la buena base que ofrece esta entrega.
APARTADO GRÁFICO
Las nuevas incorporaciones tienen buenos modelados y texturizado, pero destacan más las animaciones de las creaturas nuevas. Se nota que tras la expansión anterior han logrado optimizar más la experiencia, siendo raro notar bajones en las batallas. Si bien hay nuevas secciones cuya presentación no desentona, la de Aislinn es menos vasta, paradójico para un Señor del Mar. Las nuevas interfaces para las dinámicas de los señores de la guerra están bien trabajadas y una traducción acertada. Solo añadiría que a futuro habiliten la posibilidad de escalar aún más la interfaz, porque algunos elementos llegan a ser pequeños.
MÚSICA Y SONIDO
Los nuevos diálogos marcan desde el primer momento las personalidades tan polarizadas de los nuevos señores. Otro aspecto que destaca mucho son los efectos de sonido para todas las unidades nuevas, especialmente al acercar la cámara. Cuando logras traer a tu frente los Troles Antiguos Curs’d, gigantes de dos cabezas capaces de conjurar magia muy poderosa. O las Fauces Terribles, una monstruosa serpiente que al emerger del suelo causa el caos cuando arroja su saliva ácida.
CONCLUSIÓN
Es un añadido que ofrece con tres señores legendarios, tres héroes legendarios, diez regimientos y 20 unidades normales. Puede no parecer tan amplio el contenido, pero se compensa con la rejugabilidad que ofrecen gracias a sus nuevas dinámicas. Me gustaría que la parte narrativa recibiera tanto contenido como el que han puesto a su modo Imperios Inmortales. A cambio de no tener una campaña tradicional, te esperan partidas que difícilmente serán iguales y más si eres amante del PVP. Solo recomendable para aquellos buscando algo nuevo por hacer y no echen de menos el componente narrativo.































