Tenemos la review del último juego inspirado en el recientemente terminado anime My Hero Academia. Este título promete ser la experiencia definitiva hasta el momento, con combates espectaculares y modos de juegos centrados en expandir y complementar la narrativa amada por millones de fans. Pero ¿está a la altura de lo visto en la temporada pasada? Entra al enlace y descubre nuestra recomendación.
My Hero Academia: Un punto final pensado para los fans
El modo historia arranca directamente en los eventos de la Guerra Final. No hay largas introducciones ni esfuerzos excesivos por contextualizar al jugador: All’s Justice asume que ya conoces a Midoriya, a Shigaraki y el peso simbólico de su enfrentamiento. Podría ser criticable esta decisión, pero de nuevo, hay que tener presente que el título le habla directamente a los entusiastas del shonen. Sin embargo, podría perder a un sector grande que llegue sin un conocimiento previo del universo. Aunque esta elección no tiene que ser del todo mala. De esta manera permite recrear momentos clave del anime con una carga dramática sólida, apoyada en cinemáticas cuidadas y diálogos completos.
No es un juego que se tome de la mano del jugador. Es una obra que habla directamente a su comunidad.
Combate: espectáculo antes que precisión
En lo jugable, All’s Justice mantiene la base que la saga ha ido refinando: combates 3v3, cambios de personaje en tiempo real y escenarios amplios que se rompen y deforman con el uso de los Quirks. No se trata de un sistema pensado para la precisión quirúrgica de un juego de lucha tradicional, sino para reproducir la fantasía de poder del anime.
Un punto destacable es la identidad de combate de cada héroe o villano. Es impresionante ver cómo puede variar la forma de jugar dependiendo de la individualidad de los Quirks, en lugar de tener la típica clase y que dominar a un personaje sea dominar a varios pertenecientes a esa misma clase. Hay héroes diseñados para presionar sin descanso, otros para castigar desde la distancia y algunos que brillan cuando el caos domina la arena. Cuando todo encaja, los combates se sienten intensos, exagerados y muy fieles al tono de la serie.
El problema aparece en el equilibrio. Algunas combinaciones están claramente por encima de otras, lo que afecta tanto al desafío contra la IA como a la experiencia competitiva. Si se piensa en términos del anime, tiene sentido, puesto que es evidente que hay héroes o villanos con una diferencia o habilidad de poder muy por encima, como Midoriya o Shigaraki, pero traducido al equilibrio de combate, podría sentirse algo injusto.
No rompe el juego, pero deja claro que el espectáculo fue prioridad frente al balance.
Más allá de las peleas
Una de las diferencias más notables respecto a entregas anteriores está en los modos complementarios. Las misiones cooperativas y el hub semiabierto añaden una capa ligera de exploración que, sin cambiar el género, amplía la experiencia. No son sistemas profundos ni especialmente complejos, pero cumplen una función importante: romper la linealidad del combate constante y ofrecer una sensación mínima de mundo vivo. Y en el género de arena fighters esto es algo que se agradece, sobre todo teniendo en cuenta el peso que se le da a los juegos basados en anime y el trato que tienen los títulos más allá de las peleas.
Son añadidos que cumplen la función de alargar la duración del juego, hacerte sentir un poco más de inmersión en el mundo de MHA y justificar un título y experiencia de exploración diferente a las pelas.
El número de personajes jugables es uno de los grandes aciertos del juego. La variedad de héroes y villanos funciona casi como un archivo interactivo de My Hero Academia, con estilos de combate distintos y representaciones fieles al lore. No todos los personajes tienen la misma profundidad mecánica, pero la intención es clara: celebrar toda la serie, no solo a sus protagonistas.
Apartado técnico: correcto y estable
En PS5, el juego cumple sin buscar deslumbrar. El apartado artístico respeta el estilo del anime, con efectos llamativos y animaciones diseñadas para el impacto visual. El rendimiento es lo que se puede esperar de un título perteneciente a este género, es visualmente llamativo y las peleas son espectaculares, pero tampoco se siente como si fuera un portento técnico. Cabe aclarar que en mi experiencia me topé con varias caídas de frames, sobre todo en batallas muy saturadas de color y animación. Esperemos que en las próximas semanas arreglen estos detalles, aunque tampoco es algo que rompa completamente la experiencia.
El diseño de sonido tampoco es algo para destacar. Cumple a secas. Ni la música ni la mezcla de sonido en las peleas fueron algo que aportara mucha más inmersión al título.
Para esta reseña jugué el título con voces en el idioma original japonés. Esto es algo que se disfruta, sobre todo si eres entusiasta del anime, ya que escuchar a tus personajes favoritos con diálogos diferentes a la serie es algo que añade nostalgia. También están presentes las voces en inglés. Si buscabas doblaje en español, por el momento no cuenta con él.
Conclusión: un cierre honesto para My Hero Academia
My Hero Academia: All’s Justice no quiere ser recordado como el título más innovador del anime, sino como el que supo cerrar el telón con dignidad. Entiende su lugar dentro de la franquicia y actúa en consecuencia: prioriza la fidelidad, el espectáculo y la emoción por encima de la experimentación.
No es un juego perfecto y está hecho como una carta de amor y despedida para los fans, y serán estos quienes definitivamente disfruten más de esta experiencia. Como despedida, como último gran acto interactivo de My Hero Academia, cumple con algo que no todas las adaptaciones logran: dejar la sensación de que el viaje valió la pena.






























