Eclipsiumes un título que juega a ser espejismo y pesadilla al mismo tiempo. Con una estética retro que evoca los shooters de los noventa, pero con la calma inquietante de un walking simulator, el juego propone un viaje a un subconsciente pixelado donde lo cósmico, lo místico y lo sangriento se entrelazan. La pregunta de este review es : ¿la experiencia logra sostenerse más allá de su atmósfera inquietante?
El viaje de Housefire
Housefire Games es un estudio indie con sede en Gotemburgo, Suecia. Comenzaron como un grupo de amigos de la escuela vocacional Yrgo y, tras más de un año de desarrollo, lanzaron Eclipsiumel 19 de septiembre de 2025. Su enfoque se centra en crear experiencias únicas que desafían las convenciones del género, fusionando horror psicológico con una estética retro y surrealista. El juego fue inicialmente una propuesta para la GMTK Game Jam, evolucionando hasta convertirse en una obra independiente respaldada por el editor CRITICAL REFLEX. Además, el estudio recibió un impulso clave cuando Semih Parlayan, fundador de Raft, decidió invertir en el proyecto, fortaleciendo así su crecimiento y visibilidad dentro de la escena independiente.
Historia
La premisa no se explica de manera tradicional aunque cada «sangriento avance» entrega nuevas habilidades. Aquí el sentido no está en recibir respuestas, sino en atreverse a explorar. La narrativa se apoya en una dirección cinematográfica sólida que mezcla horror cósmico con gore, creando momentos visualmente poderosos que sorprenden más por la forma en que se muestran que por lo que explican. El impacto viene menos de diálogos o giros argumentales y más de esas imágenes que se clavan como estampas en la memoria.
Jugabilidad
Los puzzles transitan entre lo ingenioso y lo frustrante. Hay aciertos en la manera en que se entregan nuevas herramientas, pues tres de ellas se obtienen a cambio de una parte del propio cuerpo. Conforme avanzamos, una marca en la palma de la mano derecha permite seleccionarlas y activarlas: una cuchilla para romper objetos específicos, un visor que revela pasajes y elementos ocultos, y una llamarada que envuelve las manos para iluminar el camino. Sin embargo, ciertos bucles —caer, perderse, repetir— y la interfaz al accionar objetos pueden restar fluidez.
Ritmo
El ritmo oscila: a ratos se siente como un reto estimulante, y en otros momentos los escenarios repetitivos (cuevas, escaleras interminables) alargan de más la experiencia. También hay que considerar que se trata de un walking simulator muy cinematográfico, en el que el juego busca que seamos excelentes espectadores de su propuesta. Los visuales resultan impresionantes y despliegan movimientos veloces y pausados que contrastan con nuestro andar, siempre lento o aún más lento, lo cual intensifica la sensación de contemplación. En este recorrido, los enemigos no son convencionales: la propia gravedad al caer, el loop al tomar un camino equivocado y unos tentáculos que devoran al personaje, aunque el daño que provocan no se distingue con claridad hasta que sobreviene la muerte. Es un título que exige paciencia y tolerancia al ensayo y error.
Exploración y atmósfera
La virtud de Eclipsium está en su capacidad de jugar con los miedos más básicos: vértigo, encierro, vulnerabilidad. Una escena de cerdos transportados al matadero, por ejemplo, imprime un terror visceral difícil de ignorar. Sin embargo, la naturaleza de walking simulator se convierte en un arma de doble filo: contemplar es parte de la propuesta, pero la lentitud del movimiento puede desmotivar cuando el jugador solo quiere descubrir más rápido.
Diseño visual
El apartado gráfico es quizá su sello más distintivo. La nostalgia del pixel art se combina con un terror depurado, donde cada escenario tiene una personalidad retorcida. Aunque en planos panorámicos algunas formas se diluyen, el uso del “visor” que revela texturas ocultas aporta un giro mecánico y estético memorable, otorgando a la exploración un nivel extra de dimensión visual.
Sonido y música
En contraste con el poder visual, el audio se mantiene en un terreno correcto pero poco destacado. Los efectos cumplen —tablas que crujen, música ambiental que acompaña—, pero rara vez sorprenden o elevan la tensión al máximo. El juego recurre al silencio y a ciertos ruidos repetitivos para incomodar, aunque algunos, como el quiebre de plataformas, pierden efectividad tras el primer sobresalto. Sin embargo, el apartado musical encuentra brillo en el uso de instrumentos de cuerdas y sonidos graves, que añaden un trasfondo profundo y envolvente, aportando momentos de tensión y dramatismo que equilibran la experiencia sonora.
Duración y rejugabilidad
La aventura puede sentirse más larga de lo necesario por la repetición de escenarios. Su mayor atractivo se concentra en la primera partida, cuando la exploración es fresca. La rejugabilidad es baja: con una sola experiencia basta para asimilar lo que propone.
Impacto personal
Eclipsium es un viaje enigmático, como mirar a través de la pupila de un ser cósmico que nos observa desde otra dimensión. La sensación que deja es contradictoria: asombro visual frente a la falta de dinamismo en su desplazamiento. Es un juego que busca incomodar más que complacer.
Comparación
Su estética recuerda a los shooters de los noventa en primera persona, pero sin el frenesí de disparos; en su lugar, apuesta por la introspección del walking simulator y el desconcierto de títulos atmosféricos como Layers of Fear o Pathologic.
Conclusión
Eclipsium no es un juego para todos, pero sí para quienes disfrutan de atmósferas densas, del pixel art transformado en terror cósmico y de los matices gore que la exploración pausada puede regalar. Paciencia, detalle y gusto por lo enigmático son los requisitos para apreciarlo. Para quienes prefieran acción rápida, claridad narrativa y ritmos más dinámicos, el viaje puede sentirse tedioso.

















