The Mound: Omen of Cthulhu | Arata Review | PlayStation 5

The Mound

ACE Team toma la estructura de los juegos de extracción y la traslada a una jungla donde la realidad cambia, los monstruos imitan formas humanas y cualquier compañero puede convertirse en una amenaza. The Mound: Omen of Cthulhu no busca competir mediante armas modernas, temporadas o recompensas constantes: su mayor recurso consiste en romper la confianza entre los integrantes de cada expedición.

El título debutó el 15 de julio de 2026 para PlayStation 5, Xbox Series X|S y PC. Su propuesta permite formar grupos de hasta cuatro exploradores, aunque también admite partidas en solitario. Cada misión gira alrededor de contratos, tesoros, diarios y rutas que conducen hacia el misterioso montículo que da nombre al juego.

Una expedición donde la codicia determina el riesgo

Cada incursión en The Mound: Omen of Cthulhu comienza en el galeón, espacio que funciona como refugio, centro de preparación y punto de progresión. Allí, el grupo distribuye armas, selecciona equipo y acepta un contrato antes de viajar hacia la isla. Una vez en tierra firme, la misión exige explorar ruinas, recuperar riquezas y regresar con vida.

La estructura utiliza el riesgo como motor principal. El equipo puede volver al bote tras cumplir el objetivo mínimo o adentrarse en la jungla para conseguir mejores recompensas. Permanecer demasiado tiempo provoca cambios en el clima, aumenta la presencia de criaturas y permite que la selva responda con mayor agresividad.

Este ciclo funciona porque las expediciones mantienen una duración accesible y siempre ofrecen una decisión clara: conservar el botín actual o arriesgarlo por una ganancia superior. Los diarios también desbloquean nuevos puntos de partida, lo que reduce parte del trayecto en futuras misiones y crea una sensación de avance más allá de la compra de armas.

La locura transforma la cooperación

El sistema de cordura constituye la idea más original de The Mound: Omen of Cthulhu. Las alucinaciones no aparecen solamente como efectos visuales decorativos. La jungla puede modificar caminos, ocultar amenazas, alterar sonidos o mostrar criaturas con la apariencia de otro integrante del grupo.

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El chat de voz espacial amplifica esta mecánica. Escuchar gritos o disparos a la distancia genera una tensión que desaparece cuando toda la comunicación ocurre mediante una aplicación externa. El juego puede distorsionar voces, separar al equipo o provocar dudas sobre la identidad de una figura que emerge entre la niebla.

ACE Team entiende que el terror cooperativo pierde fuerza cuando cuatro personas permanecen juntas y comparten información sin obstáculos. Por ello, la selva intenta romper la formación, sembrar sospechas y transformar cada error de comunicación en una posible tragedia. Esta dinámica produce situaciones espontáneas que difícilmente se repiten de la misma forma.

Una jungla hermosa, húmeda y hostil

La dirección artística presenta uno de los mayores logros del proyecto. La vegetación limita la visibilidad, la lluvia amenaza las armas de pólvora y la niebla oculta tanto caminos como criaturas. El escenario transmite humedad, suciedad y una sensación constante de aislamiento.

El diseño de los monstruos también evita depender únicamente de las criaturas habituales del imaginario de Cthulhu. Insectos gigantes, cadáveres que todavía conservan fragmentos de conciencia y figuras que apenas se distinguen entre los árboles aportan variedad visual. El sonido completa la experiencia mediante ramas, rugidos, lluvia y voces cuya procedencia nunca resulta completamente segura.

En PlayStation 5, el entorno de The Mound: Omen of Cthulhu luce detallado y genera una atmósfera notable, pero la versión de estreno también muestra fallas de rendimiento, errores y cierres inesperados según varios análisis. ACE Team ya trabaja en actualizaciones que buscan mejorar la estabilidad y el desempeño en todas las plataformas.

El combate rompe parte del encanto

El principal problema surge cuando comienza la acción directa. Las armas del siglo XVI justifican recargas lentas y enfrentamientos metódicos, pero la respuesta de los controles carece de precisión. Algunas animaciones resultan torpes, los impactos no siempre transmiten fuerza y la movilidad limita las opciones defensivas.

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El inventario en The Mound: Omen of Cthulhu tampoco facilita las expediciones. Su espacio reducido obliga a gestionar objetos con frecuencia, mientras que la progresión tarda demasiado en ofrecer cambios sustanciales. Tras varias incursiones, la búsqueda de tesoros, el traslado del carro y el regreso al bote empiezan a mostrar una estructura repetitiva.

Estas carencias resultan más evidentes en solitario. Aunque el juego ajusta la dificultad al número de participantes, muchas mecánicas dependen de la comunicación, el reparto de recursos y la confusión entre compañeros. Sin un grupo, la paranoia pierde impacto y cada error pesa mucho más.

¿Vale la pena The Mound: Omen of Cthulhu?

The Mound: Omen of Cthulhu ofrece una de las interpretaciones cooperativas más interesantes del terror cósmico. Su sistema de locura, su dirección artística y la desconfianza entre jugadores consiguen que una fórmula conocida adquiera una identidad propia.

Sin embargo, el combate tosco, la progresión lenta, la repetición y las fallas técnicas impiden que alcance todo su potencial. Su compra tiene mayor sentido para grupos que disfruten el terror, la comunicación por proximidad y las experiencias donde una anécdota caótica importa más que la precisión mecánica.

La edición estándar cuesta 29.99 dólares en la PlayStation Store de México, mientras que la edición Deluxe cuesta 39.99 dólares. El juego incluye textos en español, permite una persona en modalidad individual y admite hasta cuatro participantes en línea; las funciones multijugador en PS5 requieren PlayStation Plus.

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